Tras más de 30 años sin nuevas clases de antibióticos, la FDA aprobó recientemente gepotidacina y zoliflodacina, indicados para gonorrea e infecciones urinarias resistentes. Su importancia radica en que pertenecen a familias antibacterianas inéditas, con mecanismos de acción distintos a los antibióticos tradicionales, lo que amplía las opciones frente a bacterias multirresistentes.
En paralelo, la investigación avanza en dos direcciones complementarias. En México, se estudian compuestos derivados de veneno de alacrán y chile habanero con actividad antimicrobiana experimental. A nivel clínico, destacan nuevas combinaciones como aztreonam-avibactam, orientados a infecciones hospitalarias graves causadas por bacterias resistentes.
En conjunto, estos desarrollos reflejan un cambio de estrategia: no solo nuevas moléculas, sino también combinaciones y fuentes naturales con potencial antibacteriano. Para el personal farmacéutico, estos avances refuerzan el rol clave del uso racional de antibióticos y la vigilancia frente a la resistencia bacteriana.

Es vital considerar
La resistencia bacteriana es una de las principales amenazas sanitarias actuales y ya causa alrededor de 1,27 millones de muertes directas al año, además de casi 5 millones de muertes asociadas. En hospitales, entre 20% y 30% de las infecciones en UCI involucran bacterias resistentes, especialmente en neumonía, sepsis e infecciones por catéter, lo que obliga a usar antibióticos de última línea o combinaciones terapéuticas. Estos casos pueden prolongar la hospitalización entre 2 y 3 veces y aumentar complicaciones y costos. A esto se suma que hasta 50% del uso de antibióticos hospitalarios es inadecuado, lo que, junto con la automedicación, acelera la resistencia.

