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1918, la madre de las pandemias: La gripe española en 55 fotos que nunca viste

Justo cuando expiraba la Primera Guerra Mundial y poco antes que sus cañones se silenciaran,  la Gripe Española llegó virulenta a las trincheras de la Primera Guerra Mundial, causando más muertos en Europa que la misma guerra y, expandiéndose por todo el planeta.
Entre 1918 y 1920, nada menos que 500 millones de personas se infectaron en todo el mundo, de las cuales, 675,000 murieron por su causa en los EE.UU. y 50 millones a nivel mundial, aproximadamente el 3% de la población del planeta entonces. Nunca antes perdieron la vida tantos en tan poco tiempo, jamás la hoz de la Parca cortó tan rápido, y es que muchos casos eran fulminantes: una persona caía enferma y sucumbía a las pocas horas.
Bueno, hace 103 años nuestro mundo sufrió una pandemia más grande que la que estamos viviendo ahora. La Gripe española de 1918, mató casi al 3% de la población mundial. Alrededor de 500 millones de personas se infectaron, 675,000 casos fueron reportados solo en los Estados Unidos.

Del paciente cero a la pandemia

Se cree que “el enfermo cero” fue el soldado Gilbert Michell de la base militar Fort Riley, en Kansas EE.UU. Él ingresó a las 8 am del 4 de marzo de 1918 a la enfermería de su destacamento; horas después, todo el regimiento estaba contagiado.

En 1918, horas después que “el enfermo cero” ingresó a la enfermería, todo el regimiento en Kansas estaba contagiado.

Inicialmente se llamó a la gripe por el virus A-H1N1: “Soldado de Nápoles” por ser tan pegadizo como la partitura de la zarzuela con el mismo nombre. Y es que, entre las 12 y 18 horas de aparecer los síntomas, la muerte podría sobrevenir a las 24 horas tras producirse el empeoramiento.

El posterior nombre de Gripe Española se debe a que sólo España, neutral en la I Guerra Mundial, era el único país que informaba a través de la prensa sobre cómo la enfermedad diezmaba inclemente a toda su población. Los estados envueltos en la cruenta guerra, mantenían silencio y ocultaban cualquier dato al respecto.

El “Soldado de Nápoles”, luego rebautizado como “Gripe Española”, era una enfermedad muy pegadiza; a las 24 h que Michell enfermo, habilitaron un hangar para 532 soldados con la misma influenza grave.

Aunque se supone que en Kansas se inicio la pandemia en marzo de 1918, investigadores afirman que ya se había detectado el virus A-H1N1 de la Gripe Española en diciembre de 1917, es decir meses antes que en la base militar de Kansas y en otros campamentos militares de EE.UU. que reclutaban soldados para enviarlos a la Primera Guerra Mundial.

Desde allí en adelante se obligó el uso de mascarilla a los soldados, sin embargo, el virus se contagiaba también por contacto, igual que el COVID-19.

La Gripe Española ya se había presentado en 1917 y obligaron a los soldados al uso obligatorio de mascarillas.

En diciembre de 1917, en 16 de 14 campamentos militares en EE.UU. reportaban 234 muertos por Gripe Española. El presidente norteamericano Woodrow Wilson, consultó con el jefe del estado mayor general Peyton C. March, si deberían suspender los envíos de tropas a Europa para no propagar la epidemia.

El general March convenció al presidente de EE.UU. Wilson de no informar públicamente que la Gripe Española afectó a gran número de sus soldados, y no detuvo el envío de soldado a la I Guerra Mundial en Europa.

Pero el general March le aseguró al presidente estadounidense que la noticia de la Gripe Española en sus tropas, perjudicaría la marcha en el frente de batalla. Por esta razón, Wilson no detuvo los envíos de soldados, pese a llegarle informes de que los soldados estaban muriendo en los barcos camino a la guerra en Europa.

Para agosto de 1918, ya se habían desplazado a Europa cerca de un millón y medio de soldados norteamericanos, muchos enfermos de Gripe Española. ​

27 de octubre de 1918, Portland, Oregon, soldados del cuerpo de entretenimiento obligados al uso de mascarillas frente al avance de la Gripe Española en EE.UU.

A pocos días de terminar la Primera Guerra Mundial el 11 de noviembre de 1918, el ejercito norteamericano continuaba reclutando jóvenes para enviar al frente europeo. Muchos de ellos no llegarían a partir, sin embargo muchos de ellos ya se habían contagiado con la Gripe Española y perderían esa batalla contra la enfermedad. 

Miles de marinos americanos debieron ser trasladados a centros de recuperación al estar afectados por la Gripe Española

Decenas de miles de marineros estadounidenses fueron víctimas de la Gripe Española; hasta hoy se desconocen las cifras exactas. Lo que sí se conoce es que a diferencia de otras gripes estacionales que atacaba preferentemente a niños y ancianos, tuvo como víctimas principalmente a jóvenes saludables.

En 1918, los hospitales navales de EE.UU. trataban como podían la Gripe Española, no existía cura.

Los marineros estadounidenses eran jóvenes, y el incremento de las muertes para la población juvenil significó, 200 veces la tasa de mortalidad habitual por gripe estacional. Todos los hospitales navales en los EE.UU. comenzaron a desbordar su capacidad de atención, y se vieron obligados en muy poco tiempo, a tener que habilitar hangares en las estaciones navales.

La emergencia obligó a los centros navales a improvisar lugares donde aislar a los enfermos.

En la Estación Naval de California en noviembre de 1918, la marina acondicionó todo lugar disponible para alojar a los marineros con Gripe Española. La armada improvisó literas abarrotadas en el piso y dispuestas con los pacientes colocados de la cabeza a los pies en cada fila.

La marina separó las literas ingeniándoselas con sábanas.

En la misma estación Naval de California en diciembre de 1918. La armada erigió pantallas contra estornudos entre pacientes en el piso. En la pared había un gran cartel que decía “No escupir en el piso, hacerlo puede propagar la enfermedad.

Octubre de 1918, tres ambulancias de la Cruz Roja Americana trasladando pacientes.

La Cruz Roja Americana no se daba abasto ante los miles de pacientes que presentaban graves síntomas de la Gripe Española. Todos los días debían llevar miles de enfermos hacia algún centro de aislamiento y recuperación. No descansaban un minuto y laboraban las 24 horas.

EE.UU, año 1918. Las mascarillas salvaron millones de vidas

Se conoce que la Gripe Española, ya llevaba tiempo incrementando la mortalidad en EE.UU. En 1916 ya había 18, 886 muertos por el virus AH1N1, mientras que por la gripe común o estacional, un año antes, en 1915, los fallecidos fueron 6,611 en todo ese país.

Las autoridades estadounidenses comenzaron a tomar medidas de prevención y generaron una serie de advertencias a su población, exigiendo inclusive el uso obligatorio de la mascarilla en todo momento y lugar, y quienes no la utilizaban, terminaba en prisión.

Ante la pandemia de la Gripe Española, el Gobierno de EE.UU. inició una campaña para que todo el mundo utilizara mascarillas. En los periódicos aparecían avisos a toda página incentivando su uso.

El aviso publicado en periódicos de Oakland, California, decía entre otras cosas: “¡Lleva una máscara y salva tu vida!  No se pueden conseguir médicos y enfermeras para atender a los afligidos. Debe usar una máscara, no solo para protegerse a sí mismo, sino también a sus hijos y a su vecino de la influenza, la neumonía y la muerte”.

Y continuaba el aviso explicando: “Las máscaras contra la gripe se pueden hacer fácilmente. Una máscara bien confeccionada es 99% a prueba la influenza, los médicos las usan, quienes no los usan se enferman, el hombre o la mujer o el niño que no usará una máscara ahora es un holgazán peligroso. Utiliza máscaras para ir a trabajar, en el trabajo y al regresar a casa. Los abajo firmantes, están convencidos de que es la única forma de acabar con la epidemia”.

Las mujeres se convirtieron en enterradoras por escases de sepultureros. La falta de previsión de la población disparó las cifras de muertos.

Inicialmente los estadounidenses no tomaron los recaudos necesarios, como el uso de mascarillas para protegerse de la pandemia. Ello generó que en el mes de octubre de 1918, el número de personas infectadas por la Gripe Española se incrementaran de forma vertiginosa. En San Francisco, que fue el principal afectado, pasaron de 169 a 2,000 enfermos por semana.

Para evitar la muerte por la Gripe Española, cartel de advertencia pegado en las calles de New York hace 103 años, enfatizaba entre otras cosas, el uso vital de mascarillas.

El cartel dice entre otras cosas: “Influenza epidémica (española). Esta enfermedad es altamente contagiosa.  Puede convertirse en neumonía grave y llevar a la muerte. No hay medicamentos que la prevenga. Mantenga la boca y la nariz tapadas. Aléjese de reuniones públicas. Si un miembro de la casa se enferma, colóquelo en una habitación solo, cálida, y ventilada”.

Conductoras de tranvías de la ciudad de New York, en septiembre de 1918.

El saldo mortal de la Gripe Española, resaltaba que la mayoría de sus víctimas fueron hombres entre los 20 y 40 años, por lo que vio mermada considerablemente la fuerza laboral. Ello fue una oportunidad de oro para las mujeres que accedieron masivamente al mercado de trabajo, demostrando así, que eran tan o más eficaces que sus pares masculinos. En los EE.UU., por ejemplo, en 1919, las mujeres eran el 21% de todos los empleados del país.

Montgomery Street, San Francisco, EE.UU. 1918. La gente espera en la fila para obtener máscaras de que eviten la propagación de la Gripe Española.

En 1918, San Francisco fue la ciudad más afectada por la Gripe Española, los centros comunitarios de algunas regiones, repartían permanentemente mascarillas gratuitas a las familias todos los días las 24 horas. Había interminables colas en búsqueda de tan preciado dispositivo que les permitiría protegerse del virus.

En 1918, miles de voluntarias de la Cruz Roja Americana, confeccionaban mascarillas seguras.

La pandemia por la Gripe Española tomó por sorpresa a los estadounidenses y al mundo. En un inicio se desconocían los métodos eficaces de protección contra el virus. Por ejemplo, la mayoría de norteamericanos, no sabía cómo realizar mascarillas; es así que, decenas de miles de voluntarias y voluntarios en todo el país donaba su tiempo a la Cruz Roja Americana para confeccionar las mascarillas que salvarían vidas y en un solo Estado, 260.000 máscaras. Y esa, fue una de las tantas tareas que desarrollaron.

En 1918, quien no usaba mascarilla, terminaba preso

En 1918 hubo agrupaciones en favor y en contra del uso de las mascarillas. En la foto, la mujer de la derecha tiene colgado un cartel que dice ”Use Mascarilla o vaya a prisión”. Los grupos en pro y en contra de las medidas preventivas se repitieron en el 2020-2021, ¿suena conocido?

Existía resistencia de ciertos “negacionistas” de la pandemia por la Gripe Española, y el uso obligatorio de mascarillas. Ante tales protestas, las autoridades debieron tomar diversas y drásticas medidas que permitiesen aplanar la curva de infectados. Entre otras, la intervención policial y luego la guardia nacional, para asegurar las medidas preventivas en lugares públicos.

Policías en Seattle, Washington, forman fila y reciben órdenes, antes de salir a controlar las medidas sanitarias dispuestas.

En 1918, la policía estadounidense vigilaba que las personas cumplieran con las disposiciones que buscaban reducir el número de infectados por la Gripe Española. Trabajaban incansablemente y al igual que en el 2020-2021, las muertes por tan terrible virus, entre las fuerzas policiales y sanitarias, fueron significativas.

En 1918, la policía primero advertía: ”Señor, póngase inmediatamente la mascarilla, o lo multo, y además lo llevo preso”.

En relación a las medidas por el no uso de la mascarilla, San Francisco fue la primera ciudad que obligó a cubrirse la cara. Inicialmente impusieron una multa de U$5 a US$ 10 (equivalente a US$100-US$200 en el 2021) si alguien salía en público sin usar cubrebocas. El dinero recaudado por las multas, era donado a la Cruz Roja Americana. Si el negacionista desobedecía y tercamente no se ponía el cubrebocas, terminaba pagando la multa y también en prisión.

En 1918, si alguien tenía mascarilla, pero no la utilizaba correctamente, primero el policía lo forzaba al uso correcto pero…
…Si la persona insistía en utilizarla incorrectamente y prefería fumar su pipa, terminaba multado y en prisión.

Había muchas personas que no respetaban lo dispuesto a pesar de las multas, así que los jueces según el caso, tuvieron mucho trabajo en dictar condenas de diverso tipo, desde el servicio comunitario muy desagradables como los de la limpieza pública –en ciudades donde los muertos aparecían en las calles–, hasta varias semanas entre rejas.

Así mismo, el uso de cubrebocas, también resultó un signo importante de patriotismo estadounidense. Incluso, la Cruz Roja Americana, hacía campañas a través de anuncios públicos, donde dejaban claramente establecido que: “El hombre, la mujer o el niño que no utilice una mascarilla, es ahora un ´holgazán´ peligroso y antipatriota”.

A otros, dependiendo de las circunstancias, se los llevaba directamente ante el juez.

En 1918, hacer respetar las medidas preventivas contra la pandemia, fue una batalla permanente para la policía frente a la inconsciencia de ciertos ciudadanos. Las muertes por la Gripe Española en marzo de 1919 eran EE.UU. incontrolables. Inclusive, hasta el día de hoy, se desconoce el número de victimas policiales.

Lo mismo sucedía entre el personal de salud las muertes entre médicos, enfermeras, camilleros, etc. se contaban por miles.

La preocupación de los funcionarios de salud llegó al extremo, que uno de ellos, en un arranque de rabia incontrolable, la emprendió a balazos contra un grupo de personas sin mascarillas en pleno centro de San Francisco.

En enero-febrero de 1919, debieron recurrir a la guardia nacional en apoyo de la policía para controlar el restablecimiento de las medidas preventivas dictadas en San Francisco. Y es que, la pandemia había repuntando incontrolable y abatido a centenares de policías.

A mediados de diciembre de 1918, los funcionarios de San Francisco, vieron una pequeña disminución de los nuevos casos reportados y creyeron que la ciudad se había estabilizado. Los residentes de San Francisco incluso celebraron una reapertura y una celebración sin cubrebocas el 21 de diciembre. El periódico, San Francisco Chronicle, informó sobre la celebración que “Las aceras permanecen desparramadas con las reliquias de un mes tortuoso”.

Sin embargo, la pandemia de Gripe Española estaba lejos de terminar, y la reapertura prematura de la ciudad, bajo la presión de los líderes empresariales y ciudadanos, generó en enero de 1919 que el número de muertos se duplicara. Así mismo, condujo a un aumento dramático en los casos, llegando de 2,000 por semana a 600 en sólo un día. Habían aplanado la curva, pero al bajar la guardia y relajar sus ordenanzas se convirtió en el error más grande.

Después de mucha resistencia de los funcionarios de San Francisco, preocupados por la economía, se ordenó el cierre de aquella ciudad, entre otros, de todos los teatros.

Al igual que en la actualidad en muchos países, se cancelaron las clases, cerraron negocios, teatros, iglesias y se exigió a los ciudadanos, que se cubrieran la nariz y boca. Pero cuando se intentó restablecer el uso obligatorio de las mascarilla y nuevos cierres, surgieron protestas de grupos de habitantes y de la “Liga Anti Máscara”. Los sanfranciscanos, habían perdido la fe en sus autoridades, pensando que habían sido confinados en algunos meses de 1918 por nada. Sin embargo, no hicieron mea culpa sobre el comportamiento que ellos tuvieron durante las fiestas de fin de año.

El guarda del tranvía de la línea Green Lake en Seattle. EE.UU. no permite abordar a un pasajero sin mascarilla.

Las precauciones que se tomaron en Seattle, Washington, durante la epidemia de influenza española eran extremas. El personal de los medios de transporte había sido bien preparado y no permitirían a nadie viajar en los tranvías sin usar una máscara. Además de las multas a la empresa de transporte, el guarda podía ir a prisión junto con el infractor por permitir a un pasajero viajar sin mascarilla.

Moda de la mascarilla
EE.UU. años 1918-1920

En plena pandemia hubo una alianza entre conservadores constitucionales y promotores económicos en oposición a las mascarillas y otras medidas preventivas. Incluso, cuando en octubre de 1918, el número de infectados –como ya se mencionó– se había incrementó de 169 a más de 2,000 por semana.

Por su lado los negacionistas de la “Liga Anti-Máscara”, se quejó amargamente de que la obligación de taparse la nariz y la boca era una afrenta inconstitucional a los principios de una sociedad libre.

En tal situación la preocupación de los funcionarios del sector salud y sobre todo los médicos, persuadieron a las personas para que adoptaran máscaras como una especie de accesorio de moda. Es más, algunos afirmaron que: “Los velos gruesos de algodón para mujeres y niños han sido tan satisfactorios como las máscaras de algodón comunes”. Algunos tomaban en serio el tema mientras que otros se burlaban.

Dos damas de Washington en 1919, siguen los consejos de los funcionarios de salud exageradamente al pie de la letra. Ellas confeccionaron largas mascarillas de algodón.
La alta sociedad neoyorkina a finales de diciembre de 1918, inició la moda de las mini mascarillas.
Dos damas californianas en 1918, acoplaron ingeniosamente las mascarillas a sus sombreros.
Al igual que en la actualidad, en 1919, dos damas no entendieron bien el uso de las mascarillas.
Ensayo cinematográfico en Hollywood. Una escena de besos con máscaras para prevenir la epidemia. A la derecha, probando la efectividad de un posible respirador de la época.
1919, las familias estaban obligadas a usar mascarillas aunque quisieran salir sólo a la puerta de sus casas. Al centro, el padre con el gato en brazos (ver círculo rojo), que también lleva mascarilla puesta.
Igual que hoy, algunas damas buscaban que el color de su mascarilla coincidiera con el color de su sombrero.

1918-1920
Difusión: médica y farmacéutica

Las farmacias en 1918-1920 se habían convertido en uno de los puntos neurálgicos en la búsqueda de alivio a la pandemia de Gripe Española. Los farmacéuticos así como los técnicos farmacéuticos –la mayoría de estos últimos formados en las propias farmacia– eran considerados también el primer frente en la línea de batalla contra la epidemia.

En aquella época, existían tres vías por las que se difundieron conocimientos para prevenir la enfermedad: medicamentos, así como recomendaciones médicas y farmacéuticas publicitadas en la prensa; manuales médicos y farmacéuticos impresos en folletos y libros; y publicaciones especializadas de la época.

Fue relevante la colaboración y participación de los gremios médicos y farmacéuticos en la búsqueda de aliviar lo síntomas de una pandemia que se estaba llevando principalmente una generación importante, los jóvenes entre 20 a 40 años de edad.

Artículo en libro médico de EE.UU. en 1919 y en plena pandemia por Gripe Española. El título es: ”Influenza: Su Causa, Cura y Prevención”

Las primeras líneas de este artículo es la clara versión, de que la historia se repite 103 años después:

Los científicos nos han estado diciendo que este, el nuevo siglo, será notable por todo tipo de descubrimientos. Confiemos en que, entre estos, habrá una cura o un preventivo de la Influenza.  Tal descubrimiento sería una bendición mucho mayor para la humanidad que la navegación aérea y submarina o que el conocimiento seguro de que los planetas están habitados.  Tal como están las cosas, no hay ninguna enfermedad sobre la que se haya escrito tanto, ni ninguna enfermedad sobre la que se sepa tan poco valor, va y viene, y la Facultad de Medicina es poco más sabia”.

A la izquierda el aviso publicitario entre otras cosas dice: “Resiste la enfermedad con BOVRIL.

BOVRIL Es una bebida alimenticia caliente, estimulante y nutritiva. BOVRIL es un preventivo de aquellas enfermedades que surgen en gran parte de una constitución debilitada. Previene la influenza y los resfriados al fortalecer el sistema contra sus ataques. Una taza ocasional de debilitada caliente ha evitado muchos ataques de influenza”.

Farmacia homeopática a fines de 1918. En los estantes, albarelos (recipientes) de porcelana conteniendo diferentes sustancias.
Farmacia en enero de 1920; clientes y dependientes atendían con mascarillas preventivas.
El aviso publicitario dice entre otras cosas: ”Influenza, Leche Malteada Horlick’s. Muy nutritiva, digestible. La real comida en una bebida, preparada al instante. Elaborada mediante el proceso original Horlick’s y con materiales cuidadosamente seleccionados. Utilizada con éxito durante 25 años. Avalada por médicos de todo el mundo. Horlick’s pida la original, evite imitaciones.
El aviso publicitario dice entre otras cosas: ”Prevenir la influenza española es mejor que curarla. Mantenga sus fosas nasales, garganta y pulmones en perfectas condiciones antisépticas. Manténgase saludable y eficiente”.
Las farmacias prestaban el servicio de equipos especiales para ”purificar pulmones”.
El aviso publicitario dice entre otras cosas: ”Para el catarro tome PE-RU-NA la bien conocida acción de PE-RU-NA para restaurar y mantener una condición saludable de las membranas mucosas en todo el cuerpo lo convierte en el mejor remedio para prevenir y restaurar la salud que se conoce. Durante cuarenta y cinco años, PE-RU-NA ha conservado su título de salvaguarda confiable para la salud de la familia estadounidense”.
El aviso publicitario dice entre otras cosas: ”Para eliminar la causa y prevenir la influenza Española: Beber Verónica agua diariamente. La influenza Española es causada por eliminación imperfecta. Para eliminar la causa y mantenerse bien beba agua Verónica”.
El aviso publicitario dice entre otras cosas: ”No comas sin antes lavarte las manos. La enfermedad se transmite por el aliento y las secreciones del cuerpo, especialmente de la nariz y la garganta, por lo que las manos deben lavarse con frecuencia. Por ello usa Jabón Lifebudy Salud”.
El aviso publicitario dice entre otras cosas: ”Ayuda a tu junta de salud a vencer la influenza española desinfectando tu hogar. Evite la propagación de enfermedades en su hogar como lo hacen todos los grandes hospitales. Desinfecte diariamente durante las épocas epidémicas con la solución Lysol. Para ningún germen, no importa cuán grande su fuerza puede vivir por un instante, en su presencia. Juntas de salud y médicos en todas partes recomiendan su uso”.
El aviso publicitario dice entre otras cosas: ”Influenza Incontrolable: No hay hogar seguro sin Milton. Usar Milton para combatir la influenza”.
El aviso publicitario en el periódico The Pitsburg Press del 21 de noviembre de 1918 dice entre otras cosas: ”Antes de comer cuando llegas a casa del trabajo cada vez que vienes de la calle. Debes lavarte adecuadamente. Lavarse las manos tres veces es de especial importancia: Lifebudy el Jabón de la Salud”.
El aviso publicitario dice entre otras cosas: ”Influenza Horlick’s Leche malteada. Muy nutritiva, digerible. La verdadera comida-bebida, preparada instantáneamente y con materiales cuidadosamente seleccionados. Utilizado con éxito durante 1/4 de siglo. Avalado por médicos de todo el mundo. Pide y consigue el original Horlich’s evitando así imitaciones”.

Trabajo en pandemia
Adaptándose al cambio

El impacto y la naturaleza de la enfermedad en ese entonces, obligó a cubrirse la cara para evitar un mayor contagio. Tal como ya se mencionó, en EE.UU. entre 1918-1920, era absolutamente obligatorio el uso de mascarillas en todo lugar público, en el trabajo e inclusive si se quería salir a la puerta de la casa. De lo contrario si se desobedecía, el infractor simplemente pagaba multa e iba a la cárcel. Tal vez este simple comportamiento, permitió que la Gripe Española desapareciera sola y en poco tiempo”.

En el año 1919, con la pandemia de por medio, las peluquerías mantenían estricto control en el uso de la mascarilla.
En las oficinas, todos tenían las mascarillas puestas.
En 1918, el personal de todas las empresas se mantenían con mascarillas, a veces hasta 12 h.
En esa época, los niños eran quienes vendían periódicos. Recorrían las calles gritando a viva voz las noticias más importantes. En New York, como en otras ciudades, los periódicos tenían dos ediciones diarias con diferentes noticias, una era la matutina y la otra vespertina. Así que aquellos también debían usar mascarillas.
Damas de los comedores sociales, y niños en 1919, también respetaban las normas utilizando mascarillas.
Durante los juegos de béisbol de 1919, los jugadores estaban obligados al uso de las mascarillas.
Las enfermeras para trasladar a los bebes dentro de los hospitales utilizaban escafandras especiales.
Cafetería en EE.UU. 1919. Nótese que todos están con mascarilla, menos el cliente sentado al medio, cuya mascara la tiene en la garganta (ver círculo rojo).
En 1918, los carteros estadounidenses durante la epidemia en EE.UU. iban premunidos de mascarillas.
Año 1919, la telefonista de un hotel en New York con una improvisada mascarilla de gasa.
Los profesionales de salud especializados en atención rápida y de emergencia, utilizaban vestimenta considerada entre 1918-1920, la mejor protección contra la Gripe Española.

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