miércoles, junio 19, 2024

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Lojanos: ejemplo de superación a prueba de todo

Vladimir Eduardo Calva Calva, es un lojano de 39 abriles, el cual asegura que haber nacido bajo el signo zodiacal de Tauro, le permitió como buen taurino, una personalidad a prueba de las más duras adversidades. Tal vez don Vladimir sea en realidad resiliente, es decir, aquellas personas con la capacidad para recuperarse de situaciones complicadas y seguir avanzando hacia el futuro. Él piensa, que se debe ser flexible ante los cambios que muchas veces son inevitables y optimista para ver los obstáculos como oportunidades y con ello, aprender y crecer en todo sentido. Ese  ánimo y empuje que lo caracteriza, nació en su infancia. Aquella niñez, que lo forzó a ser lustrabotas, vendedor de periódicos o cuanta cosa le permitiese sobrevivir en la calle. Hoy en el 2022, junto con su esposa a quien considera el amor de su vida, logró en 6 años tener cinco farmacias llamadas San Eduardo. A continuación, una entrevista –por momentos emotiva– con don Vladimir, quien cuenta parte de su ejemplar historia .

Leterago (L): ¿Cómo fueron sus inicios en el rubro farmacéutico?

Vladimir Cava (VC): Es una larga y al mismo tiempo corta historia.

L: Entonces empecemos, por favor, cuénteme.

VC: Mi vida de chico fue muy difícil, yo vengo de la calle, o sea dormía en la calle y lustraba zapatos. Fui vendedor de: periódicos, lotería, canguil, bolo… bueno, de lo que había. Y así sobrevivía, hasta que un padrino de un hermano mío, puso una farmacia, y él me sacó de la calle poniéndome a trabajar como bodeguero; entonces tenía 15 años.

Él no me enseñó sobre rentabilidad, eso lo aprendí solito con la calculadora en mano, porque mi curiosidad a veces no tiene límites, siempre ha sido así. Pero bueno, la oportunidad fue conocer los productos e ir aprendiendo para qué era cada uno.

Don Vladimir hace muchos años (con sueter de rayas grises y blancas) en la farmacia del padrino que lo ayudó de jovencito.

L: ¿Y de bodeguero saltó a tener su primera farmacia?

VC: No, no… con aquel padrino trabajé de los 15 a los 19 años, y aproveché cada día aprendiendo más y más.  Pasó el tiempo, y me hice conocer casi  como uno de los mejores trabajadores en farmacia de Loja. Y es que, en esa época, no había muchos dependientes farmacéuticos y éramos bien peleados.

Con los años aprendí y aprendí el negocio y me convertí en un formador de farmacias. Así me hice conocer en toda la provincia de Loja y lo que es Oriente. Organicé un pequeño equipo con mi hermano que es carpintero y un técnico de sistemas, con ellos, habremos armado unas 30 farmacias. O sea, los asesoraba sobre el manejo,  funcionamiento, proveedores, mercado, qué descuentos podían tener para comenzar y todas esas cosas. Entonces así me hice conocer cuando todavía no tenía mis farmacias.

Una foto de don Vladimir, cuando asesoraba diferentes farmacias. El dice: “Con los años aprendí y aprendí el negocio y me convertí en un formador de farmacias, con mi hermano habremos armado unas 30 farmacias”.

L:  ¿Y cómo se animo a tener su primera y propia farmacia?

VC: Me animé por dos razones, decepción y necesidad. Decepción, porque me ofrecieron maravilla y media para administrar una farmacia al borde de la quiebra. Allí enseñé de todo, pero el dueño, no tenía respeto ni por el socio al que le jugó chueco. Entonces pensé, conmigo hará lo mismo. Y dicho y hecho, como yo ganaba US$ 50 más de lo normal, puso a otra persona en mi lugar con la mitad de sueldo. Claro, después que le saqué adelante el negocio.

Entonces yo me dije a mi mismo: “bueno, hasta aquí voy a matarme haciendo dinero para el prójimo”.

L: Obviamente empezó con todo el ñeque ¿pero para usted?

VC: Así es, inclusive, iba a vender un carrito Kia azul que  estaba pagando para invertirlo en la primera farmacia. Pero un cuñado me dijo que no lo venda porque era necesario para transportar a mi familia. Más bien, él me dio un terrenito para hipotecar y con ese dinero comenzar. Lo hipotequé y apenas me dieron 8,300 dólares y con eso en el 2015 arrancamos, claro que con las justas pudimos llenar un par de perchas. El inicio fue durísimo, el primer día que abrimos, vendimos 46 centavos en todo el día.

Don Vladimir aún conserva en el 2022 el Kia azul que en el 2015 estuvo a punto de vender para abrir la primera farmacia.

L: ¿Y como hicieron para multiplicar esos US$ 8,300?

VC: Nos llenamos de productos económicos y utilicé una estrategia fundamental: desde el inicio, comencé a trabajar junto con mi esposa, Verónica Padilla, de la que vivo enamorado. Ella es el pilar fundamental en nuestro crecimiento desde el principio.  Mi esposa también trabajaba en una farmacia y se salió de ahí para empujar juntos y tener lo propio.

Desde el inicio, en el 2015 comencé a trabajar junto con mi esposa, Verónica Padilla. Ella es el pilar fundamental en nuestro crecimiento desde el principio”.

¿Cómo armaron su primera farmacia con dos perchas?

VC:  En los puntos donde el cliente tiene acceso visual al entrar, ahí poníamos lo que son productos. Y donde el cliente no veía, como detrás o al costado de las perchas, estaba totalmente vacío. Es más, unos amigos me regalaron cajas vacías de medicinas, y para ganar la confianza con los clientes –ya que siempre es bueno que haya variedad y cantidad– ponía dos cajas vacías debajo y una caja comprada arriba.

Al principio me tocó perder y trabajar duro, porque la competencia en Loja es una barbaridad, nos comemos en cuanto a descuentos, llegamos hasta el 70%. Al principio, durante unos 6 meses no tuvimos rentabilidad más bien fue perdida, teníamos que pagar arriendo, alimentación y otros.

Nuestros hijos pasaban el día en la farmacia, los sacrificamos demasiado, ellos dormían en medio de las perchas, nuestro desayuno era sopa de fideo, almuerzo sopa de fideo y la merienda, sopa de fideo que sobraba. Pasábamos 18 horas trabajando y al final de la jornada –agotados– con mi esposa cargábamos a mis hijos dormidos para ir a la casa.

Don Vladimir en el 2016 con dos de sus pequeños hijos mientras trabajaba junto a su esposa Verónica 18 horas diarias. “Ellos a veces se quedaban dormidos entre las perchas”.

L: ¿Cómo hacían cuándo no contaban con algún medicamento que pedía un cliente?

VC:  Llegaba una receta de 6 productos y si teníamos dos, le decíamos al cliente “no se preocupe, ya vengo trayéndole de la bodega”; por supuesto que no teníamos ni bodega. A donde íbamos a buscar es a la competencia, comprábamos y vendíamos aunque no ganábamos casi nada, a veces centavos. Pero lo que nos interesaba con el servicio era ganar el cliente. Había ocasiones que nos tocaba ser sinceros con el cliente y decirle: “mire, no lo tengo, pero no se preocupe, usted siéntese y vea la televisión, converse con mi esposa y yo voy a comprar su receta y le consigo el medicamento donde sea”.

Y mi mujer es muy buena persona, agradable y empática con los clientes. Y así fuimos ganando credibilidad, afinidad y mucho cariño de nuestros clientes que comenzaron a multiplicarse y multiplicarse considerablemente.

Sra. Veronica, esposa de Don Vladimir. Según él, su mujer es muy buena persona, agradable y empática con los clientes.

L: ¿Imagino que al aumentar la clientela creció el inventario y el número de perchas?

VC: Así es, a mediados del 2016 cuando aumentó la clientela nos atrevimos a conversar con las distribuidoras para que nos abran crédito. Primerito de 2,000 dólares, luego de 3,000 dólares y nos arriesgamos con 10,000. Tener acceso a una promoción por ejemplo, 5 + 1 representa el 16.66, pero al comprar sólo una unidad podía perder rentabilidad.

Y así comenzamos con sólo una farmacia y todo fluía muy bien. Los clientes nos buscaban, teníamos full llamadas, y para qué, comenzamos a crecer, crecer, crecer. Y bueno, así surgió la idea de tener más de una farmacia.  

L: ¿ Buscaron expandirse con otro punto de venta aprovechando que crecía la clientela?

VC: En gran parte, pero también por la coyuntura. Y es que aquí en Loja comenzó la regeneración urbana y abrieron toditas las calles para cambiar cañerías, cables subterráneos, etc. y  no queríamos que caiga el negocio; imagínese, había deudas que pagar.

En Loja comenzó la regeneración urbana y abrieron toditas las calles para cambiar cañerías, cables subterráneos, etc. y  no queríamos que caiga el negocio; imagínese, había deudas que pagar.

Así que comencé a recorrer Loja y me gustó un lugar que lo alquilaban pero para vivienda. Así que le propuse a la dueña un cálculo simple.  Le dije, “mire, usted arrendando el departamento ganá 200 dólares. Usted me arrienda a mi sólo la sala que la hago comercial y gana el doble”. Y bueno, le insistí, insistí, insistí hasta que la señora eliminó la sala del departamento.

La dueña se quedó con un mini departamento y me arrendó la sala que daba hacia la calle en una zona estratégica, como es, Pío Jaramillo Alvarado y Chile. Es una de las zonas más estables económicamente. Allí vivían profesores, ingenieros, arquitectos y adicional era un paso obligado hacia la Universidad Nacional. Por ahí pasaba Raimundo y todo el mundo. Esa farmacia vendió 5 veces más que con la que empezamos primero.

Foto de la casa de Pío Jaramillo Alvarado y Chile, antes que don Vladimir pudiera convencer a la dueña para convertir la sala del primer piso en farmacia.

L: Esa fue la segunda ¿ y las otras tres?:

VC: Las otras tres fue mucho sacrificio. Poco a poco comenzamos a surgir, vino la tercera farmacia, también en un sector que me gustaba comercialmente, y después pusimos la cuarta con local propio  en una casa de 3 pisos donde tenemos un proyecto muy bonito. Y el  quinto local, lo instalamos en Pindal, más o menos a tres horas y media de la ciudad de Loja.

La gente me dice, por qué pusiste tan lejos habiendo un cantón a media hora con bastante movimiento. Y yo contesto, porque quería ganar experiencia en cuanto al manejo de la farmacia a distancia. Y porque, a pesar que en ese sector no hay un gran flujo vehicular, lo llaman el “Granero del Ecuador”.

Allí no hay una sola montaña que no siembre maíz y dando gracias a Dios,  comenzamos a pegar muy bien y fuimos la primera cadena que llegamos a Pindal.

En Pindal estableció su quinta farmacia y piensa que “la pego”.

L: ¿Al inicio trabajaba usted y su esposa, cuántos trabajadores tienen ahora?

VC: Ahora son 15 los compañeros.

L: ¿Compañeros?

VC: Así es , no me gusta llamarlos empleados, esa palabra está prohibida, somos todos compañeros y eso se proyecta luego. Es más, una vez al año nos vamos todos de paseo a alguna parte por 2 ó 3 días.

Todos los compañeros son empáticos con los clientes, amables, respetuosos. Siempre escuchan con atención a los clientes, siempre con una sonrisa y un “gracias” en su boca.

L: ¿Usted mismo los capacita?

VC: Sí, y cuando vamos a darle una oportunidad a alguien para que trabaje con nosotros, depende principalmente del entusiasmo que demuestre, luego lo formamos.

Algunos de los colaboradores de las farmacias San Eduardo, de izquierda a derecha: Santiago, Nicole, Jonathan, Sra. Verónica, don Vladimir, Anita y Carlos.

L: ¿Cómo se siente en su relación con Leterago?

VC: Con Leterago trabajo muy bien. Es muy buena empresa, nos ha dado muchas posibilidades de crecer. Es una empresa accesible y flexible. Antes le comentaba que hemos tenido muchos altos y bajos, yo prácticamente me levanté de la quiebra siquiera en dos ocasiones, pero le remarco… ¡quiebra, quiebra!

La primera vez fue cuando hicieron el paro de transporte, y la segunda vez fue ahora en este último confinamiento porque la gente ya no tenía dinero. Hubo farmacias que vendieron 75 dólares al día.

Leterago ha sido muy accesible en ese aspecto, ellos ven la capacidad de trabajo, mi organización, la lucha, la ganas de salir adelante.

Entonces Leterago ha sido muy accesible en ese aspecto, ellos ven la capacidad de trabajo, mi organización, la lucha, la ganas de salir adelante. Leterago me apoyó bastantísimo, y ojo,  no lo estoy diciendo porque una persona de Leterago me está haciendo una entrevista.

Lo que estoy diciendo es la realidad, Leterago siendo una empresa tan grande es accesible. Aquí hay empresas que son la decima parte de Leterago y tienen reglas y formas mucho más duras. Leterago ha sido un pilar fundamental y por eso a ellos no puedo fallarles.

L: Comenzó en el 2015 con un inventario de US$ 8,300 ¿después de 6 años cuánto es ?

VC: Hoy el inventario sólo en medicinas, es más o menos US$ 523,000, de los cuáles unos 220 o 230 son deudas.

L: Las deudas no le quitan el sueño.

VC: No me quita el sueño las deudas, tal vez me quite el sueño el futuro de mis guaguas.

L: ¿Y por que tan preocupado por el futuro de los hijos?

VC: Porque quiero darles todo, todo lo que yo no tuve. Mi vida fue muy dura y quiero lo contrario para: Santiago, Daniel, Sebastián, Diego y para Aitana.

L: Pero con todo lo que usted está luchando, les está dejando un buen legado, no solamente en lo económico, sino en la enseñanza de que usted es un hombre luchador y que no se consigue nada bueno sin sacrificio ¿o no?

VC: Ese es mi objetivo, a ellos les digo que  mientras exista un sueño, todo es posible, hay que intentarlo e  intentarlo las veces que sea necesario.

Don Vladimir dice: “A mis hijos: quiero darles todo, todo lo que yo no tuve. Mi vida fue muy dura y quiero lo contrario para ellos”.

L: Usted me dice que fue muy dura su niñez y de lustrabotas hoy tiene 5 farmacias, o sea, ha tenido un proceso evolutivo positivo ¿Cómo hizo para no haber caído en los riesgos propios de la calle?

VC: Le doy gracias a Dios que me cuido siempre, porque yo me crie en medio de gente que se drogaba, que robaba y a mi me tocaba a veces cogerlos y llevarlos a sus casas, porque tenían visiones y creían que volaban.

Le doy gracias a Dios, porque a pesar que vivía en medio de ese terrible mundo, nunca mi objetivo fue hacer lo mismo. Usted se preguntará, ¿por qué yo me salí de mi casa y vivía en la calle? fue porque a mi papá le gustaba demasiado el trago. Pero tampoco es una excusa… no, no, porque yo lo quería mucho. Mi papá era una persona muy cariñosa, extremadamente cariñosa.

Y por otro lado, el esposo de mi mamá, nos humillaba a mi hermano y a mi con el cuento que como éramos betuneros siempre nos decía en tono despreciativo: betuneros vagos, betuneros sucios. Y cuando comenzó a tener hijos con mi mamá, mezquinaba todo. Digamos, llevaba espumillas solo para sus dos hijos y a nosotros nos tocaba solamente contentarnos con el olor a espumilla.

Me salí de mi casa y vivía en la calle como betunero, vendiendo periódicos, lotería, etc. Pero siempre en trabajos honestos.

Entonces, sí fue duro, recordar eso para mí, como que sí me pega acá… Pero en verdad, cuando volteo la cabeza  a ver todo lo que he logrado, me siento orgulloso de lo que he hecho, y más que todo, agradecido con Dios.

L:  Bueno, usted es un gran resiliente. O sea, es una de esas personas que pueden criarse en un medioambiente muy adverso, pero salen adelante.

VC: Por eso tengo un dicho que mis hijos se lo aprendieron, “Llevale la contraria a la adversidad en la vida y sé feliz”.

L: ¿Por eso usted le llevó la contra a la adversidad y ahora lucha por la familia que le negó su niñez?

VC: Tal vez así sea, lo que no tuve de niño, como familia o con comodidades económicas, ahora estoy luchando para poder tenerlo y disfrutarlo con mi esposa y mis hijos. Inclusive con las cosas más sencillas que usted se pueda imaginar.

En la foto, don Vladimir cuando era un pequeño niño. Ahora él y su esposa, luchan día a día por sus sus hijos.

L: ¿Cuáles cosas sencillas por ejemplo?

 VC: De niño y adolescente, jamás pude ver a Superman en dibujos animados. Ahora, con mis hijos, nos sentamos a ver dibujos animados y lo que de pequeño me gusta ver y no pude, lo estoy haciendo ahorita con mis hijos. Ellos me dicen, “papá, qué otro personaje te gustaba a parte de Superman cuando eras niño”. Y yo les digo: Jiban, Liveman todos esos que nos llamaba la atención y ahora estamos viendo, parecemos bebes. Pero ve, ahí estoy con mis hijos y me encanta ver dibujos animados con ellos, con ellos estoy logrando vivir lo que jamás viví.

L: O sea la felicidad ¿puede estar en las cosas más sencillas?

VC: Por supuesto, en las cosas más sencillas se puede encontrar la felicidad, yo viví lo suficiente como para asegurar, que así es.

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