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Wu-Lien-teh: 1910 médico pionero en el uso de la mascarilla

El doctor de origen malayo, padre de la sanidad pública china, fue el creador de la mascarilla para combatir la peste neumónica

Una epidemia desconocida arrasó el noroeste de China en 1910. Los muertos se contaban por centenares cada día y el Gobierno decidió dejar todo en manos de un solo médico: el doctor Wu Lien-teh.

El Dr. Wu-Lien-teh experimentando en su pequeño laboratorio.

En sólo cuatro meses, este científico malayo de origen chino le puso fin con una batería de medidas que recuerdan mucho a las utilizadas hoy para evitar el coronavirus: cuarentena, restricciones en los desplazamientos y la fabricación de una mascarilla especial con algodón, gasa y varias capas de tela que obligó utilizar a la población. Era el nacimiento de la mascarilla quirúrgica, tan popular en el mundo este último año.

Se obligó al personal de salud el uso de la mascarilla como medida de protección.

Las autoridades confiaron en él para investigar la enfermedad e identificarla. Y lo hizo: era la peste neumónica, altamente contagiosa y que se propagaba por transmisión respiratoria.

Y así, nació la mascarilla

En el otoño de 1910, estalló en la región nororiental de China la mortífera epidemia de la peste que había acabado con una cuarta parte de la población europea en el siglo XIV. La primera muerte tuvo lugar en la ciudad fronteriza de Manzhouli, cerca de Rusia, y la enfermedad se extendió como un tsunami a Harbin, el nuevo municipio internacional que surgió del desarrollo de los ferrocarriles en la región china. En 120 días, se extendió por cinco provincias y seis ciudades, matando a más de 60.000 personas.

Trabajadores chinos para el traslado de las víctimas de la pandemia de entonces, utilizaban las mascarillas diseñadas por el Dr. Wu-Lien-teh

La epidemia se convirtió en una crisis de salud internacional cuando los residentes de Harbin comenzaron a abandonar la ciudad y arrojaron los cadáveres a las calles. El creciente número de muertos alarmó a las autoridades y en esta situación crítica se le encomendó al doctor Wu investigar la epidemia.

Se obligó a la población al uso de mascarillas en lugares públicos.

Tres días después de su llegada a la truculenta ciudad, Wu realizó la primera autopsia en China a una mujer que había muerto a causa de la epidemia. A partir de sus investigaciones concluyó que la devastadora enfermedad era la peste neumónica, y que podría transmitirse por el aliento humano y los fluidos.

Wu creó hospitales especiales para pacientes infectados, estaciones de cuarentena, bloqueos para controlar el movimiento de la población y de los transportes y equipos de patrulla para revisar todos los hogares en busca de nuevos casos.

Sin embargo, su revolucionaria idea fue diseñar y fabricar una mascarilla quirúrgica especial a base de algodón y gasa, a la que añadió varias capas de tela para filtrar las inhalaciones, un producto que aconsejó que llevase toda la población para evitar los contagios.

También se hicieron experimentos con animales al aire libre.

Otro hecho que cambió la actuación contra la pandemia ocurrió cuando el doctor Wu vio un cementerio con miles de ataúdes y cadáveres de víctimas de la pandemia. Entonces, comprendió que los cadáveres en el gélido invierno servirían de incubadora para el bacilo de la peste, así que se propuso retirar los cadáveres y ataúdes sin sepultar mediante la cremación masiva.

Durante las siguientes dos décadas, Wu permaneció a la vanguardia de la prevención de epidemias en Harbin. Fue director médico del Servicio de Prevención en el Norte de Manchuria, que más tarde se convirtió en el centro de investigación de la peste más importante del mundo. Su perseverancia fue recompensada cuando logró erradicar la reaparición de la peste en 1921 y de la epidemia de malaria de 1919.

Durante su estancia en Shanghái, el doctor Wu dedicó su tiempo a la creación del Sistema Nacional de Cuarentena. En 1935 se convirtió en el primer malayo -y en la primera persona de ascendencia china- nominado al Premio Nobel de Medicina por su trabajo para controlar la peste neumónica.

El doctor Wu Lien-teh falleció tras sufrir un derrame cerebral el 20 de enero de 1960. Tenía 81 años y hacía una semana que había regresado a su nuevo hogar en Penang.

Su muerte fue llorada por la comunidad médica internacional, pero su legado perdura. En 2008, el hospital Dr. Wu Lien-Teh Memorial y una escuela también con su nombre se construyeron en la ciudad que salvó de la pandemia, Harbin. Numerosas estatuas de bronce en la Universidad Médica de Harbin y en el Hospital Universitario de Pekín homenajean también al impulsor del Servicio de Salud Pública de China y al padre de la medicina moderna en el gigante asiático.

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